En una semana, nuestra rutina se ha convertido en costumbre. Unos se levantan a las 6, otros 6:30 y los más rezagados apuran hasta las 6:45 para llegar a la oración, que nunca viene mal para estos días como profesores, trabajo que es más difícil de lo que parece. Tras la oración, un desayuno rápido y, sin más demora, nos dirigimos a la escuela donde, como cada día, los niños ya estaban esperando. Está claro que, sea el día que sea, estos niños vienen con ganas e ilusión, y siempre nos reciben con los brazos abiertos. Cantamos el himno y directos para las clases, donde, tras la oración y el desayuno, que no pueden faltar, empezamos con el trabajo. Niños que se portan mejor, niños que se portan peor... Siempre hay de todo, pero las ganas de aprender son las protagonistas.
Recreo y talleres, y sin habernos dado cuenta se ha acabado la mañana acompañados de un cielo nublado pero con un calor insoportable.
Tras la comida, y sin saber lo que el tiempo nos depararía, nos dirigimos al Batey, con la compañía de Wilner, nuestro nuevo compañero de proyecto, al que ya conocéis, y habitante de Consuelo. Lo mejor es lo que viene después de la clase, el tiempo de juegos con estos niños. Sus ganas de pasar tiempo con nosotros y con sus compañeros son brutales y cada día nos sorprenden un poco más.
Tras un largo día como en lo que parecemos ya profesionales, unos últimos recados, como una rápida visita a la sastrería que confeccionará las faldas de las niñas becadas por la fundación.
Y otro día más toca explicar el título, "la búsqueda de reacción en cada acción". Desde el primer día nos advirtieron que nosotros les enseñaríamos a los niños matemáticas o lengua, pero ellos nos enseñan algo más valioso para la vida. Os lo hemos dicho más de un día, que la sonrisa en estos niños suele ser la protagonista. Sin embargo, a veces, esta desaparece y es que estos niños requieren nuestra atención y hacen todo lo posible para que tú se la brindes. En la mayoría de los casos, no sabemos las historias que hay detrás de cada cara; vemos lo que nos enseñan. No sabemos si en casa les hacen caso, si les dan de comer, o se preocupan de lavar su ropa y, en muchos casos, se nota. Niños que se entristecen contigo por no jugar con ellos o por jugar con otros niños, otros se entristecen porque les corriges a otros primero y una infinidad de casos en los que ellos se sienten menos importantes que otros. Todos buscamos una reacción en cada acción: desde trabajar para conseguir dinero a portarnos bien para tener paga, siempre con el dinero por detrás. Sin embargo, estos niños lo que buscan es que se les haga caso sin importar de quién lo reciban. Y ahora nos damos cuenta de la suerte que tenemos cuando llegábamos a casa y nuestros padres nos hacían mil preguntas sobre nuestro día, o cuando nos llamaban preocupados cuando estábamos con nuestros amigos, cuando tu abuela se preocupaba por lo que comías o tu profesora de haber hecho los deberes.







