lunes, 23 de julio de 2018

LLENANDO MOCHILAS

Hoy pasamos la cuarta noche consecutiva fuera de nuestro hogar, la Comunidad Concepcionista de Consuelo. Parece mentira cómo, en menos de dos semanas, este pequeño lugar perdido en el mapamundi nos ha atrapado a todos. El lugar y, por supuesto, sus habitantes, nuestros niños y nuestras Madres, Ángeles y Dolores. ¡Qué ganas de verlas!


Hoy hemos dormido en la Comunidad de Los Frailes en Santo Domingo, por lo que nos toca madrugar para coger la guagua de línea que nos lleve a Consuelo y poder llegar a clase a tiempo. También tenemos muchas ganas de reencontrarnos con nuestros alumnos que, a buen seguro, estarán esperando nuestra llegada. De camino a la parada de la guagua, recibimos un regalo maravilloso, un precioso amanecer sobre el mar. El día, aunque somos conscientes de que va a ser largo e intenso, comienza muy bien.






Después del reencuentro, un rápido resumen de lo que ha sido el fin de semana y sacar la mochila, comenzamos con las clases. Hoy hemos empezado nuevo ciclo de talleres, donde en el de higiene han estudiado la salud bucodental, en música y baile tienen nueva canción para trabajar y, en deportes, tocan juegos colaborativos en equipo.








Cabe destacar que la profe Mara hoy ha estado trabajando con los chicos el autoconocimiento y  reforzando la identidad personal.








Una vez finalizada la mañana, el cuerpo va notando el cansancio acumulado del fin de semana, pero no hay nada mejor para reponerse que la comida que nos tiene preparada Margarita. Eso, y una breve siesta, ¡que nos esperan nuestros chicos del Batey!




Como cada día, nos están esperando protegidos en las sombras de una edificación al lado de la escuela, pero, en cuanto ven la furgoneta, salen corriendo a nuestro encuentro. Es muy difícil describir lo que se siente en esos momentos, cuando niños que prácticamente no nos conocen se encuentran deseosos de nuestra llegada y, apenas hemos abierto las puertas, ya nos están abrazando y dándonos todo su cariño, al grito de ¡profe, profe! Después de las clases, toca un tiempo de salir del aula a jugar. Sorprende ver cómo tan solo con una cuerda, un balón, un par de pupitres viejos y el pelo largo de algunas profes, estos chicos son capaces de entretenerse durante horas.






Además, en el Batey, dado que las condiciones de vida son más adversas que en Consuelo, también realizamos algunas curas básicas a todo alumno o familiar que lo necesite. Siempre rodeados de niños que contemplan atónitos cómo Isabel realiza la cura en cada momento. Muchos de ellos quieren ser médicos cuando sean grandes.




Después del Batey, tan solo pasamos por casa a dejar nuestro material de las clases, puesto que tenemos que preparar las mochilas del próximo curso de los alumnos becados a través del programa “Dales una Oportunidad” de la Fundación Siempre Adelante. Ponemos nuevamente rumbo a la escuela y ¡manos a la obra! Toca preparar más de 100 mochilas. Además del material escolar, cada una de esas mochilas va llena con una oportunidad de futuro. Gracias a nuestro grupo de 8 voluntarios, y la ayuda del Tío Julio y Wilner, el trabajo se hace más llevadero y llegamos a tiempo para la cena.












Ha sido un día largo, en el que casi no hemos parado, pero en el que nos vamos a la ducha y a dormir con la sensación del trabajo bien hecho y con ganas de que llegue un nuevo día para poder seguir disfrutando de nuestros chicos, de esta tierra y, en definitiva, de esta maravillosa experiencia que hemos tenido la suerte de poder vivir y compartir. La mochila personal que cada uno traíamos de España se vacía lentamente, para dejar hueco y acabar rebosante de cada uno de los instantes que estamos viviendo y de todas las experiencias y vivencias que vamos acumulado.